Si existe algún concepto que pueda definir al siglo XIX, ese es “cambio”. Y es que la aparición de medios de transporte tan innovadores como el ferrocarril, materias primas como el acero y la promulgación de la primera Constitución española, llevó a la sociedad a vivir una profunda transformación. De hecho, la arquitectura del siglo XIX también se vio afectada por esta revolución, dando lugar a la aparición del urbanismo, un movimiento que entiende la ciudad como un conjunto.

Arquitectura del siglo XIX. La época de las revoluciones

La arquitectura del siglo de las revoluciones estuvo definida por dos perspectivas: la arquitectura-arte, que buscaba la armonía entre las formas; y la arquitectura-ingeniería, que puso el foco de atención en la técnica.

Historicismo y eclecticismo

La arquitectura del siglo XIX fue testigo de la recuperación de los estilos arquitectónicos de épocas anteriores. Más allá de las corrientes árabes, barrocas y bizantinas que influyeron en este momento, destacó el neogótico, una resurrección del gótico desde la funcionalidad y las formas del nuevo siglo. Esta alternativa al neoclásico —estilo con el que convivió— estuvo respaldada por John Ruskin, Eugene Viollet-Le-Duc, Charles Barry y A.W. Pugin, quienes fueron contrarios a la alteración del paisaje debido a la industrialización. El Parlamento Británico y el Pabellón Real de Brighton son algunos de los ejemplos más característicos del neogótico.

Por otra parte tiene lugar el eclecticismo, movimiento inspirado por los estilos arquitectónicos de cualquier momento de la historia del arte. Por ello, y además del neogótico, podemos encontrar tanto creaciones artísticas de arte egipcio, como neoindio o neogriego; eso sí, sin supeditarse a ninguna de sus reglas.

A su vez, la arquitectura del siglo XIX dio a luz a la construcción con hierro y cristal, características que, además, darían paso a la arquitectura moderna. Los palacios de exposiciones, como El Palacio de Cristal de Madrid, los teatros y las estaciones de trenes son algunas de las infraestructuras que recurrieron a estos materiales.

Modernismo

En contrapartida al historicismo, surgió el modernismo, un movimiento orientado a la valoración de “lo libre”, “lo creativo” y “lo moderno”. Para ello, esta corriente se identificó con rasgos como las formas irregulares, las líneas curvas y la sofisticación, donde el diseño y la decoración adoptaron una gran importancia.

El Art Nouveau, en Francia o el Liberty, en Italia, son algunas de las denominaciones nacionales del modernismo. De cualquier forma, los tres representantes de la tendencia modernista son Mackintosh, Van de Velde y Gaudí.

  • Charles Rennie Mackintosh combinó la decoración modernista y la estructura funcional —similar a la de la Escuela de Chicago— en la Escuela de Arte de Glasgow.
  • Henri Van de Velde, concibió el Teatro de la Exposición de la Werkbund de Colonia desde una perspectiva integradora, pues a la arquitectura se sumó el arte decorativo, la ilustración y la pintura.
  • Antonio Gaudí, quien destacó por un carácter libre, muy personal e intuitivo. La Basílica de la Sagrada Familia, la Casa Batlló y el Parque Güell son algunas de las obras más influyentes del artista.
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La Escuela de Chicago y la arquitectura de hierro

La arquitectura del siglo XIX también vivió el rechazo del historicismo, especialmente por parte de Estados Unidos. Tras el incendio que arrasó gran parte de la ciudad de Chicago, Henry H. Richardson y Louis Henry Sullivan, así como otros arquitectos de la generación, diseñaron innumerables construcciones a base de hierro, hormigón armado, cristal y acero. ¿El resultado? Las construcciones que simbolizan a las megalópolis industriales: los primeros rascacielos. De este modo, esta arquitectura racionalista dio lugar a una nueva estética arquitectónica.

A su vez, se levantaron nuevos almacenes, oficinas y hoteles que se vieron favorecidos, al igual que los rascacielos, por el descubrimiento de las estructuras de armaduras metálicas y del ascensor. También se promovió la creación de hospitales, bibliotecas, mercados y puentes, edificaciones que presumían de su bajo coste y rapidez.

Louis Henry Sullivan fue el pionero de las construcciones que se enmarcan en la Escuela de Chicago. Por sus obras, caracterizadas por la funcionalidad, verticalidad y proporcionalidad sobre la estética, lo denominan como el antecesor del racionalismo del siglo XX. El Auditorium de Chicago es una de sus creaciones más destacadas.

Urbanismo

Fue la Revolución Industrial la que dio lugar al desarrollo de las ciudades industrializadas. De hecho, la edificación de viviendas a bajo coste y recursos, sumado al surgimiento del transporte y de una circulación óptima de este, favoreció la remodelación y ampliación de los centros urbanos. Es más, es en este periodo cuandosurgen los primeros modelos alternativos a las ciudades industriales, como la comunidad New Harmony que propuso el galés Robert Owen. No obstante, ninguno de estos proyectos funcionaron y los cambios que se realizaron en las ciudades estuvieron motivados por razones higiénicas.

El rápido crecimiento de la población también fue uno de los factores que motivó la aparición del urbanismo, momento en que la ciudad comenzó a entenderse como un todo unificado y en España surgieron las primeras Escuelas de Arquitectura en Madrid y Barcelona.

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Arquitectura del siglo XIX en España

La política de Fernando VII tuvo un papel fundamental en la influencia y extensión de los distintos estilos arquitectónicos y artísticos. En tanto que el neoclasicismo fue evolucionando en el resto de Europa hacia el modernismo, España vivió esta transición con mayor lentitud. De hecho, no fue hasta el fin de su reinado cuando España dejó atrás este movimiento. No obstante, uno de los vestigios más representativos de esta época —y mejor valorados en la actualidad— es el Museo del Prado, en Madrid.

La España neoclásica

Debido a la aparición de los nuevos materiales de construcción, en la primera mitad del siglo se creó La Escuela de Arquitectura como elemento desgajado de la Real Academia de Bellas Artes. Su nuevo plan de estudios adoptó, al fin, un enfoque más técnico y dejó atrás la férrea pervivencia del clasicismo.

En la arquitectura del siglo XIX en España destacaron arquitectos como Silvestre Pérez, Isidoro González Velázquez y Antonio López Aguado.

De Silvestre Pérez se distinguen el Arco del Triunfo de la Puerta de Toledo, en Madrid, y el Teatro de Vitoria. De Isidoro González Velázquez, quien fue nombrado Arquitecto de Obras Reales, encontramos trabajos como el Salón de Sesiones del Senado o la capilla del Palacio del Pardo. Por último, del arquitecto Antonio López Aguado, Maestro Mayor de Madrid, recordamos la Isabela, ciudad balneario que actualmente se encuentra sumergida bajo el Pantano de Buendía, y las puertas del Parque del Retiro.

Urbanismo en España

Tal y como sucedió en los países vecinos de España, la potente inmigración que se dio del mundo rural a las ciudades industriales propició que la burguesía y la clase trabajadora convivieran en el mismo espacio. De la necesidad de ampliar las ciudades y acoger el creciente número de habitaciones, surgen los dos primeros proyectos de urbanismo: el Plan Castro y el Plan Cerdá, ambos bajo el reinado de Isabel II.

Por una parte, el ensanchamiento llevado a cabo por el arquitecto Carlos María de Castro en Madrid, implicó transformar una ciudad de 800 hectáreas a una de 2.300. Su construcción fue muy lenta y se vio desvirtuada por ciertos intereses especulativos. A este proyecto le siguió el modelo de urbanización Ciudad Lineal, de la mano del ingeniero Arturo Soria, que aseguró una avenida de 50 metros de ancho y un tranvía como medio de transporte.

Por su lado, el ingeniero Ildefons Cerdá i Sunyer puso su foco de atención en que cada una de las viviendas recibieran luz natural y tuvieran buena ventilación. Y si bien el plan de ensanchamiento no recibió la acogida esperada por parte de los poderes municipales, hoy en día puede apreciarse en la ampliación de Barcelona.

Modernismo en España

El modernismo también se adueñó de la arquitectura del siglo XIX en España. La elegancia y funcionalidad de este movimiento tuvo una gran expansión, especialmente en Cataluña, donde el arquitecto Elies Rogent i Amat y su Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona le sirvieron de impulso. Allí, los nuevos materiales constructivos adquirieron mayor relevancia y favorecieron la proclamación de Doménech i Montaner y Joseph Puig i Cadafalch como padres del modernismo. No obstante, la figura clave de esta corriente fue, sin duda, Antonio Gaudí, quien aunó lo original y lo tradicional, lo bello y lo útil, en sus construcciones.

En el resto de España, el modernismo no tuvo éxito, pues fue considerado como un estilo promovido por la burguesía.

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Escultura y arquitectura del siglo XIX en España

A la evolución de la arquitectura del siglo XIX estuvo ligada la escultura, y si bien esta no se vio tan afectada por los movimientos que hemos visto anteriormente —como sí lo hizo la pintura—, es posible encontrar una escultura diferenciada por los tres momentos históricos más importantes de la historia de España.

  • Neoclasicismo y reinado de Fernando VII: Durante esta primera parte del siglo tiene lugar la decadencia de la escultura religiosa. En su lugar, pasa a sustituirla una escultura cuyo objetivo es servir de elemento decorativo a la arquitectura. Las Academias abogaron por la imitación de la antigüedad, dando como resultado una escultura sin capacidad expresiva.
  • Romanticismo y reinado de Isabel II: Esta época de transición está definida por una escultura carente de profundidad. Pese a su brevedad, la escultura del romanticismo responde a encargos oficiales para decorar edificios y monumentos conmemorativos.
  • Realismo y la Restauración Alfonsina: Entendemos por realismo la corriente expresiva de la realidad a través de un detallismo cuidadoso y equilibrado. Este movimiento derivó, poco a poco, en un naturalismo mucho más minucioso, sensible y comunicativo. 

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La arquitectura del siglo XIX estuvo marcada por profundos cambios derivados de una sociedad en constante renovación. La aparición del ferrocarril como medio de transporte, del acero como nuevo material para la construcción y las nuevas corrientes de pensamiento favorecieron todo un siglo de diversidad arquitectónica y artística. ¿Y si te unes a la arquitectura del siglo XXI y sumas tu granito de arena?

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